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ADENOIDECTOMÍA (VEGETACIONES)

 

 BREVE DESCRIPCIÓN DEL PROCEDIMIENTO QUIRÚRGICO:


Llamamos adenoidectomía a la técnica quirúrgica que tiene como finalidad la extirpación del tejido adenoideo –es decir, las vegetaciones– que ocupa la rinofaringe, área situada tras el velo del paladar, en la parte posterior de las fosas nasales.



El tejido adenoideo se encuentra, en esta zona, en cantidad variable, durante la infancia, y tiende a disminuir con el crecimiento, pudiendo desaparecer tras la adolescencia. La persistencia del tejido adenoideo en la edad adulta es infrecuente, aunque posible.


Cuando este tejido se desarrolla en exceso origina problemas tales como la obstrucción nasal y las otitis, entre otros, por lo que se plantea su extirpación mediante esta técnica.


Es una de las intervenciones más frecuentemente realizadas en los niños.


La intervención se efectúa a través de la boca, bajo anestesia general o local, y consiste en legrar, es decir raspar las vegetaciones adenoideas.


Tras la intervención, queda una superficie sangrante que tiende a coagularse, espontáneamente, en un breve espacio de tiempo si la capacidad de coagulación de la sangre es normal. 


Es habitual, inmediatamente después de la intervención quirúrgica, la expulsión, por la nariz o la boca, de una pequeña cantidad de sangre, tiñendo la saliva o el moco, por lo que es aconsejable sonarse la nariz, sin violencia, para expulsar dichas secreciones que, incluso, pueden contener pequeños coágulos.


También pueden aparecer vómitos de color oscuro que, durante las primeras horas, se consideran normales y que están en relación con la pequeña cantidad de sangre deglutida durante la intervención,por lo que no precisan tratamiento.


Después de la intervención suele existir un pequeño dolor de garganta y de oídos, durante la deglución, que se puede disminuir con calmantes.


Debe mantenerse reposo relativo en el domicilio durante 1 ó 2 días.


 La dieta será blanda durante los dos primeros días, evitando los alimentos excesivamente calientes o fríos, picantes o ácidos.


En caso de aparecer una hemorragia persistente o repetidos vómitos oscuros, hay que efectuar un tratamiento adecuado de la situación, que suele consistir en la compresión de la zona intervenida mediante un taponamiento, llamado posterior porque se coloca en la parte posterior de las fosas nasales.


En otros casos puede ser necesaria la revisión del lecho quirúrgico bajo anestesia general.


En caso de NO EFECTUARSE ESTA INTERVENCIÓN, la falta de ventilación nasal puede ocasionar: 

1.- Malformaciones de la cara o del paladar y de los dientes.

2.- La aparición de un ronquido e incluso una apnea del sueño  y 

3.- El aumento de las infecciones a nivel de la nariz, la garganta, el pecho o los oídos.


BENEFICIOS ESPERABLES: 


Mejoría de la ventilación nasal.

Menor incidencia de infecciones tales como rinitis, faringitis, amigdalitis, laringitis, traqueítis, bronquitis y otitis.

Y la disminución o desaparición de los ronquidos y la apnea.


PROCEDIMIENTOS ALTERNATIVOS: No se conocen otros métodos de contrastada eficacia.


RIESGOS ESPECÍFICOS MÁS FRECUENTES DE ESTE PROCEDIMIENTO: 


Cabe la posibilidad de que, aunque la intervención haya sido realizada correctamente, persista una pequeña cantidad de vegetaciones.


Ya hemos señalado la posibilidad de que se produzca una pequeña hemorragia, pero si fuera muy intensa o no se tratara con corrección, podría aparecer una anemia e incluso un «shock» llamado hipovolémico, por la pérdida del volumen de sangre. Cabe, incluso, la posibilidad de que, accidentalmente, pueda pasar la sangre que procede de la herida operatoria, o una porción de las vegetaciones extirpadas, hacia las vías respiratorias. A esta posibilidad se la conoce como hemoaspiración o aspiración de las adenoides y puede llegar a obstruir las vías aéreas, produciendo, incluso, una parada cardiorrespiratoria.


No es frecuente que esta herida se infecte, pero podría aparecer una pequeña infección o, si el estado general del paciente está debilitado, una septicemia, es decir, la propagación de la infección a través de la sangre del paciente.


Además, hay que considerar, entre las complicaciones, la posibilidad de que se produzca una edentación –pérdida de alguna pieza dental– accidental, la fisura del paladar, la aparición de una voz nasalizada, que llamamos rinolalia, y la insuficiencia del velo del paladar para ocluir las fosas nasales en su parte posterior, durante la deglución.


En algunos casos, puede aparecer una tortícolis, generalmente pasajera, y tos persistente, a lo largo de unos días.


Además de todo ello, las complicaciones propias de toda intervención quirúrgica y las relacionadas con la anestesia general. El riesgo vital es poco frecuente, aunque puede producirse en todo acto médico que incluye anestesia general: se ha descrito un caso de muerte cada 15.000 intervenciones con este tipo de anestesia.


En general, el riesgo quirúrgico aumenta en relación con la edad, la cantidad y la gravedad de las enfermedades padecidas.





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